Por Fernando Heller - DPA
"Logramos una etapa importante en la unión fiscal", aseguraba al término de la cumbre de Bruselas la canciller de Alemania, Angela Merkel. Sus palabras, que pretenden devolver la credibilidad del mundo en el euro, no disipan las dudas sobre si, esta vez, la nueva disciplina fiscal será respetada.
Berlín y París lograron el respaldo a sus principios de rigor mediante un tratado intergubernamental, que deja grabado a fuego dos objetivos irrenunciables incluidos en el antiguo Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), que casi nadie respetó: un déficit público de menos de un 3% del Producto Bruto Interno (PBI) y un techo máximo de deuda pública del 60%. Además, los 27 socios del bloque -a excepción del Reino Unido- deben colocar sus déficit estructurales anuales por debajo del 0,5% del PBI -"regla de oro" para Berlín-, que se fijará en las Constituciones de cada socio. Además, se incluyen mecanismos de corrección automáticos en caso de desviación de los objetivos de disciplina.
A pesar de que, de momento, se trata de un acuerdo entre gobiernos, Merkel y el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, confían en que, en breve, se pueda transformar en una posible directiva europea y quede anclado en los Tratados de la UE, uno de los asuntos más peliagudos según expertos en derecho comunitario.
Merkel y Sarkozy -"Merkozy", como se les bautizó en jerga popular- decidieron junto al resto de líderes conceder poderes fiscalizadores extraordinarios a la Comisión Europea y al Tribunal de Justicia de la UE (TUE) para que actúen como "gendarmes" del equilibrio presupuestario. Bruselas será el "agente de tráfico", que tome nota de las infracciones a las reglas de disciplina y proponga enmiendas a los socios "rebeldes", mientras la Justicia europea podrá poner las multas a los infractores.
El nuevo entramado jurídico, nacido para evitar casos como los de Grecia, Irlanda o Portugal, parece mucho mejor tejido jurídicamente que el PEC, pero queda abierta la incógnita respecto de si será un arma de disuasión tan eficaz como lo fue el "botón nuclear" durante la época de la Guerra Fría, cuando los Estados Unidos y la ex Unión Soviética se amenazaban mutuamente con la posibilidad de desatar una guerra atómica.